¿Es la tuya una idea original?

Is yours an original idea?

No siempre es fácil desarrollar una idea original y darle forma de creación literaria (cómo muchas veces se dice por ahí: todo está inventado). Pero hay que intentarlo. No recurrir a clichés y tópicos literarios tan utilizados en libros, guiones cinematográficos o teatrales…. Son muchos siglos de creación literaria, por lo que encontrar una idea original, fresca, única no va a ser fácil, pero hay que intentarlo. 

Sí, siempre se puede recurrir a que hay falta de tiempo que dedicar a la creatividad. Siempre se puede acabar recurriendo a la excusa de “yo no puedo” pero hay que arriesgarse, todos tenemos algo que contar a partir de experiencias únicas, que nos son propias.

Clichés y tópicos

Al lector avezado no le será difícil identificar, en los libros que lee, un montón de tópicos argumentales, lugares comunes o personajes tópicos. A continuación, algunos de los más recurrentes.

Todo fue un sueño

Cliché expandido en España por el guionista de la serie televisiva Los Serrano –aunque no fue el primero- suele ser un recurso muy utilizado por el autor que no sabe cómo cerrar su historia. Así que, cuando esto ocurre, lo tiene fácil: fue un sueño. Una variante de la ensoñación es decir que la historia fue algo imaginado por el personaje.

No se trata de eliminar el recurso del sueño del desarrollo de una pieza literaria. Se puede hacer, pero sin provocar confusión en el personaje (aunque se quiera provocar sorpresa, muchas veces el resultado final es desconcierto).

La muerte que no es muerte

Otro lugar común. Suele implicar a alguien cercano al protagonista –no a éste, claro-. Suele dársele por muerto, aunque su cuerpo no apareció por haber perecido en algún tipo de catástrofe (el hundimiento de un barco, un conflicto bélico, una explosión). Es mejor decir lo que ocurrió, sin hablar de la muerte del personaje. Que el lector saque sus propias conclusiones.

No hay que confundir entre este muerto no muerto o variantes como que alguien se haga pasar por muerto porque quieren matarle. ¿Diferencias entre uno y otro caso? Pues que en la segunda opción no se engaña al lector, algo fundamental. Desde el principio se sabe que el personaje no ha muerto, puesto que es revelado por el escritor como parte del planteamiento de su trama.

Si al azar… pero planteado previamente

A cualquiera le puede tocar la lotería o encontrarse con alguien por la calle. La casualidad y el azar forman parte de nuestras vidas. Sin embargo, no se debe dejar que la historia se desarrolle al azar, sin tener un planteamiento previo. El protagonista de una historia tiene que tener una motivación previa que le impulse a actuar. Las páginas de una novela tienen una razón de ser, detallan el camino para llegar.

¿De verdad que soy yo?

Otro topicazo. El protagonista, que vive despreocupado su vida anónima, no sabe que es el elegido. En este caso el protagonista suele ser el portador de un objeto al que caracteriza algo especial. O lo heredó de sus progenitores o abuelos… o, además, tiene algún tipo de marca que lo hace único. Puede que alguien –normalmente un familiar- conozca el secreto del objeto, pero se lo calle para proteger al protagonista.

La clave para dar con un tesoro escondido, o para descubrir que se es poseedor de poderes mágicos. Uno, otro o los dos elementos sirven para convertir al poseedor del objeto (normalmente un hombre) en protagonista y héroe de la historia. Claro que es posible que esa distinción exista, pero, para que la historia tenga peso, la persona poseedora deberá superar pruebas y dificultades para ser un verdadero héroe.

El recurso del tropezón

Un cliché también muy explotado en guiones cinematográficos y storytelling publicitarios. En este caso, el protagonista, normalmente torpe y/o despistado, está en una fiesta, alguien tropieza con él y lo mancha con una copa. O que dos personas tropiecen en la calle, se les caiga al suelo lo que llevan en cima –muchas veces, libros- y comiencen una relación. Es el cliché que da comienzo a una historia romántica. Algo absolutamente previsible.

Y el tópico del tropezón también vale para el detective que encuentra al asesino tras hallar, previamente, una prueba que está ante sus ojos. O para que el protagonista encuentre a su madre biológica gracias a una fotografía que aparece en el lugar más inesperado. Hay que trabajárselo un poco más o el lector abandonará, aburrido, la lectura.