Cómo estructurar una novela

Como estructurar una novela

Hay ganas de ponerse a escribir, de tener un esquema de desarrollo de la novela que se tiene en la cabeza. Sin embargo, antes de escribir una línea, habrá que dar unos pasos previos de planificación para que todo salga bien.

Planificar antes de escribir

No es una buena idea ponerse, directamente, ante el folio en blanco y empezar a escribir. Lo normal es que este método de trabajo no termine bien. Hacer una planificación previa facilitará mucho la labor posterior de redactar.

Aquí van los seis pasos que se recomienda aplicar en cualquier proceso pre-novela

1.- Elección de género

No es lo mismo escribir una novela negra que un relato juvenil. Varía el estilo, el vocabulario. Sin embargo, lo más importante será optar por un género en el que el escritor se sienta a gusto.

2.- Reunir y ordenar ideas

Hacer una tormenta de ideas sobre posibles historias sobre las que escribir, elegir la que se considere más atractiva y, dentro de ella, hacer un pequeño guión con las partes que podría tener el texto y los giros que podría dar la trama.

3.- Hacer una ficha de los personajes

Con medio folio será suficiente para trazar un perfil básico de los personajes que van a aparecer en la obra (formas de hablar, expresiones… cuantos más datos, mejor).

4.- Documentación que se precisa

Puede que se escriba sobre un agente de Policía de principios del siglo XX y ni siquiera se sepa si, por aquel entonces, existía análisis de huellas dactilares. O cómo iba vestido un policía de la época. Se deben establecer esas necesidades de documentación para, a partir de ellas, acudir a las fuentes y poder desarrollar esas partes desconocidas del relato.

5.- Definir inicio y final

Es esencial que el inicio sea lo suficientemente atractivo como para enganchar al lector. Además, también habrá que determinar el final, a fin de encaminar el resto de la escritura hasta ese punto.

6.- Estructura de capítulos

Una vez que se conoce el principio y el final de la novela, que se tienen ideas sobre que se quiere incluir en el texto, ya se puede hacer un esbozo de la estructura de capítulos del libro. Después se podrá ir modificando, ya que una obra literaria es algo vivo y, conforme se vaya escribiendo, surgirán ideas nuevas. Pero al menos, si será importante tener esa estructura previa, un bosquejo. 

Incluso cada día, cuando uno se ponga ante la redacción de un capítulo, será bueno redactar una estructura propia con lo que se va a querer incluir en esa parte del texto. De este modo, tan solo se tendrán que ir desarrollando esas ideas prefijadas y no quedará nada atrás.

Comenzar a escribir

Nada fuera de lo común. Una novela se inicia con algo que, un día cualquiera, ocurre en la vida de alguien. Los cimientos de cualquier historia arrancan en ese momento en el que un acontecimiento rompe el equilibrio inicial de una vida.

Un ejemplo lo encontramos en la historia de Caperucita Roja, cuando la protagonista de este famoso cuento recibe el encargo de ir a casa de su abuelita con una tarta y una botella de vino. Similares casos pueden encontrarse en otras muy célebres creaciones literarias: Alicia leyendo con su hermana cuando, de repente, aparece un conejo blanco; Frodo recibiendo el encargo de destruir el anillo; Harry Potter recibiendo la carta de admisión en Hogwarts o el despertar de Gregorio Samsa experimentando la angustia de ver su repentina transformación en un enorme insecto.

Al comienzo de cualquier historia, quiebra del mencionado equilibrio aparte, aparece un segundo elemento característico: alguien revela un deseo. Dicho en otras palabras, puede decirse que en el arranque de un relato siempre hay alguien que quiere o desea algo. Y siempre hay un impedimento que impide la consecución de ese deseo… impedimento que el protagonista debe superar.

El alcance de ese deseo no va a suceder a la primera, lo que da al escritor un motivo para desarrollar su historia (es evidente que si el protagonista consiguiera su objetivo nada más comenzar no habría historia).

Una estructura clásica

Estaríamos hablando de un relato, una historia construida en torno a una estructura clásica: planteamiento, nudo, desenlace, conflicto y cambio. En este modelo se aprecia, con total claridad, un modelo tradicional de construir un relato con sus puntos de giro.

En Crónicas de Motel (autor: Sam Shepard) visualizamos la aplicación de esta estructura. El planteamiento seguido por el autor arranca con un niño empeñado en conseguir imitar la sonrisa del actor Burt Lancaster. Ha aparecido el deseo inicial. Ahora comienza el desarrollo del planteamiento a partir de la consecución de ese deseo por parte del protagonista. También aparece el deseo de superarse, puesto que la sonrisa del protagonista no se parece, en nada, a la de Burt Lancaster.

En el momento en el que el protagonista de la novela, un niño, aparece en escena ante la total indiferencia de sus compañeras de colegio, el autor coloca su primer punto de giro. Para que la historia cierre se necesita un segundo punto de giro.

El niño protagonista, ante su primer fracaso, fuerza su sonrisa hasta el punto de asustar con ella a los demás. ¿El motivo del espanto? Sus dientes son horribles. Es entonces cuando surge el conflicto, puesto que el protagonista, convencido de que tiene unos dientes perfectos, se encuentra con la cruel realidad.

Ante el demoledor descubrimiento de que tiene unos dientes horribles, en contra de lo que pensaba, surge el segundo punto de giro: deja de sonreír para no asustar a las personas que le rodean.

El niño ya no son